Un buen dÃa fuà con mi padre a recoger una gatita que se habÃan encontrado en unos contenedores de basura, junto con una hermanita…..
Lo que yo no sabÃa en ese momento es que la gatita me iba a dar tantos quebraderos de cabeza con mi madre… para empezar a la gatita le pusimos Pulguita por lo diminuta que era.
Cuando llegue a la casa con mi padre, encontré a las hermanitas jugando entre ellas. No se por qué, me decid? por Pulgui, pero lo hice. La llevé todo el trayecto a casa (unos 20 minutos) dormida sobre mi regazo. Cuando llegamos a casa, la gata estaba como perdida. Le decÃa “Pulguita!” y me seguÃa a todas partes.
Al dÃa siguiente, fué distinto. Era como una reina en su castillo. La tuvimos hasta que tuvo como unos 7 u 8 meses.
Como nos Ãbamos a mudar de casa, la tuvimos que dar. Ahora tiene unos 2 años y es una madraza, aunque sigue tan loca como siempre (genio y figura hasta la sepultura).
Una de las cosas que más recuerdo de ella es como, una mañana que estaba solo, me fijé en la cortina, deshilachada. Seguà los rastros de destrozo, y mi mirada se cruzó con la suya… en el techo.
La muy puñetera estaba enganchada con las uñas en el techo. Cual fue la suerte que tuvo, que cayó y lo hizo sobre el sofá (otra de la suerte fue que ninguna de mis figuras paterna y materna estaba en casa).
Pulguita… pulguita… estaba mas loca que una cabra, pero nunca, jamás, la olvidaré.
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